Desde sus años de estudiante de Agronomía, que entonces no terminaron por trocarse en matrimonio y maternidad, Mónica Cortez Aguayo siempre anheló tener su propio laboratorio. En el año 1997, ya como técnico agrícola y ayudante de laboratorio de una institución pública, fué apoyada por el Profo de Cultivos Orgánicos de Ñuble para agregar una semana más a su programa de capacitación en Cuba y se ocupara de estudiar la producción artesanal de los hongos del género Trichoderma. 
Desde entonces la señora Cortez ha dedicado sus esfuerzos a desarrollar, por su cuenta e ingentes sacrificios, la manera de reproducir esporas de Trichoderma y otros hongos útiles para la agricultura. Con el apoyo de científicos como la Dra. Nilda Perez, ejecutivos de importantes empresas agroexportadoras de la Octava Región, y muchos agricultores del Bio-Bio, que rápidamente comenzaron a valorar y adquirir estas nuevas herramientas de manejo de enfermedades y plagas, la sra. Cortez pudo montar un laboratorio en su hogar, desde donde ahora se proyecta para cubrir todo el territorio nacional y apoyar con su nueva tecnología otros proyectos en paises latinoamericanos. Actualmente la sra. Cortez prepara la instalación de un nuevo y profesional laboratorio de BIOMYCOTA en las afueras de Chillán, se ha titulado de Ingeniero agrónomo y está optando al grado de Doctor en la Universidad de La Habana, Cuba.






